“Facundo” y “El matadero”

Curso de Letras – Español

Octubre de 2010

Literatura Hispano-Americana: Romantismo e “Modernismo”  – FLM0622

1ª Evaluación

Profa. Dra. Adriana Kanzepolsky

José Daniel Cenoz Santos

1.

En el “Facundo” predomina la oposición civilización/barbarie como elementos antagónicos que disputan el futuro de la Argentina (la nación que se pugnaba por construir). Por una lado, el saber que llega de los centros civilizados, la metrópoli, Paris, Londres… que promete la organización racional del espacio y de la sociedad para producir un porvenir el desarrollo económico y social que por el cual ansían los intelectuales del reducido ámbito culto de Buenos Aires. Por otro lado, las características de la tierra y de las personas que la habitan se muestran hostiles a los conocimientos y técnicas de la cultura letrada que les llegan poco a poco y resisten a su penetración.

En su obra, Sarmiento sigue el afán de los románticos americanos de su época, buscar un modelo cultural para orientar la construcción de una nacionalidad autónoma de la metrópoli española, y mira hacia las otras metrópolis de su época, cayendo en un colonialismo de signo diferente, pero esencialmente dependiente de ideas que no eran producidas aquí. El afán combativo de sus ideas atraviesa todo el libro construyendo el discurso de un país que debe superar la barbarie para sentar las bases de la Nación. Desde las primeras páginas, en la introducción, Sarmiento invoca la sombra de Facundo Quiroga para que, recontando su historia revele el nuevo desastre que se abate sobre la Nación, la tiranía de Rosas:

“¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, […] Diez años aún después de tu trágica muerte, el hombre de las ciudades y el gaucho de los llanos argentinos, al tomar diversos senderos en el desierto, decían: «¡No, no ha muerto! ¡Vive aún! ¡Él vendrá!» ¡Cierto! Facundo no ha muerto; está vivo en las tradiciones populares, en la política y revoluciones argentinas; en Rosas (…). (Facundo. Introducción)

Porque las condiciones que crearon a Facundo Quiroga, y a Rosas después, hacen parte de los caracteres del pueblo americano, habitante de un territorio que aún se debate con el proceso civilizatorio y están imbricados en la propia cultura (cultura popular y oral que bebe de la tradición por oposición a cultura letrada que se nutre de los nuevos descubrimientos y el torrente intelectual que llega con los libros en francés e inglés). Es contra esos caracteres que Sarmiento levanta su pluma, para que la letra actúe políticamente para la erradicación de las trabas ideológicas al desarrollo. En ese aspecto, la desventaja inicial de la Argentina es su época de colonia: no haber tenido una producción escrita relevante o, incluso, intelectuales de importancia se revela una ventaja ahora que se busca crear un proyecto de nación, pues no hay una carga literaria que superar, sino que se puede comenzar a crear una propia orientada hacia los ideales más modernos que llegan de Europa e, incluso, de Estados Unidos con su proceso de civilización que parte de condiciones tan semejantes al de la Argentina y en el cual es posible dibujar muchos paralelos en su literatura. Sarmiento cita a Fenimore Cooper en su novela “El último de los mohicanos”.

“Hay que notar, de paso, un hecho que es muy explicativo de los fenómenos sociales de los pueblos. Los accidentes de la naturaleza producen costumbres y usos peculiares a estos accidentes, haciendo que donde estos accidentes se repiten, vuelvan a encontrarse los mismos medios de parar a ellos, inventados por pueblos distintos. […] Cuando leía en El último de los Mohicanos, de Cooper, que Ojo de Halcón y Uncas habían perdido el rastro de los Mingos en un arroyo, dije para mí: «Van a tapar el arroyo.» Cuando, en La pradera, el Trampero mantiene la incertidumbre y la agonía, mientras el fuego los amenaza, un argentino habría aconsejado lo mismo que el Trampero sugiere al fin, que es limpiar un lugar para guarecerse, e incendiar a su vez, para poderse retirar del fuego que invade, sobre las cenizas del punto que se ha incendiado.[…] Cuando los fugitivos de La pradera encuentran un río, y Cooper describe la misteriosa operación del Pawnie con el cuero de búfalo que recoge: «va a hacer la pelota», me dije a mí mismo; lástima es que no haya una mujer que la conduzca, que entre nosotros son las mujeres las que cruzan los ríos con la pelota tomada con los dientes por un lazo.”(Facundo, La originalidad de los caracteres argentinos).

Sarmiento realiza un movimiento permanente de apropiación de la cultura bárbara americana elaborándola en un texto que sigue las formas y motivos de la cultura civilizada de Europa. El discurso bárbaro, el otro, es asimilado y domesticado en la letra, asentándose en bastardilla como forma de explicitar su extrañeza y la distancia que él toma de esa cultura, al tiempo que muestra que la conoce y comprende/domina. El recurso funciona dentro del horizonte de expectativas europeo “exotizando” (en una perspectiva Orientalista) el cotidiano americano, creando una zona de familiaridad al acercar ese cotidiano a través de claves que son conocidas por el lector europeo: los símiles que se construyen con el pueblo árabe, las caravanas de camellos que cruzan los desiertos de la misma manera que las caravanas que cruzan la pampa:

“Y, en efecto, hay algo en las soledades argentinas que trae a la memoria las soledades asiáticas; alguna analogía encuentra el espíritu entre la pampa y las llanuras que median entre el Tigris y el Eúfrates: algún parentesco en la tropa de carretas solitaria que cruza nuestras soledades para llegar, al fin de una marcha de meses, a Buenos Aires, y la caravana de camellos que se dirige hacia Bagdad o Esmirna. (…)” (Facundo, Cáp. 1. Aspecto físico de la República Argentina y caracteres, hábitos e ideas que engendra.)

Las formas de la escritura civilizada construyen la articulación del texto, una obra compleja (y a veces desdibujada) que es a un tiempo ensayo, historia, tratado sociológico, tragedia y folletín, formas familiares para un público que no es el argentino (analfabeto en su mayoría) sino la pequeña élite intelectual que vive en la ciudad y los posibles observadores de la realidad de la joven nación que, desde la metrópoli, cavilan en cómo integrarla al sistema de intercambios comerciales y a los cuales es necesario demostrar que se domina su lengua (con la insistencia en intercalar citas en lengua francesa como epígrafe, aunque, como indica Ricardo Piglia, muchas son equivocadas, “corroídas” por la barbarie que quieren alejar mostrando la estrechez de la separación entre campo y ciudad que se vive en América) y sus códigos para ser aceptado como un igual en la “comunidad de las luces”.

2.

Esteban Echeverría construye una alegoría del “espacio nacional” una visión brutal y condensada de la Argentina situándola en el arrabal de la villa de Buenos Aires, que en en cuento constituye un espacio de encuentro (o mezcla) entre la ciudad/civilización y el campo/barbarie, pero con los signos cambiados, pues la ciudad está dominada por los federales, seguidores del tirano Rosas, mientras que del campo llega el noble unitario que representa los ideales del grupo de intelectuales que trataba de reformar a la Nación con los ideales liberales.

Podemos establecer un paralelo entre la visión sarmentina y la de Echeverría en el planteo de aquel que la Argentina es un país que sufre del “mal de la concentración”. El espacio del arrabal donde se sitúa el matadero es un lugar donde se codean y compenetran los puestos de la literatura argentina, dice Jens Adermann, en un día de cuaresma se realiza la intensa carnicería de las reses que llegan a la ciudad después de un largo periodo de lluvias, el lugar donde se muere un niño de forma horrorosa y tonta y donde, finalmente se sacrifica al unitario a la causa de la barbarie rosista en un ritual que remeda el rito legal.

En Sarmiento, la ciudad representa la luz y la razón, pero en “El Matadero” vemos su aspecto degradado por la localización narrativa, es la boca de la ciudad, la boca urbana que explicita los procesos orgánicos más bajos de ese cerebro que debería organizar al interior del país. En vez de ver los procesos intelectuales, vemos los fisiológicos en su forma más grotesca y en sus sujetos más bajos, los representantes de las clases populares pobres y embrutecidos por un cotidiano asqueroso y sangriento. La acumulación de elementos narrativos construye la confusión entre el elemento humano y el animal que a veces se confunden en su carácter, el toro bravo se debate contra la muerte mostrando valentía, mientras los humanos feos y sucios, se revuelcan y luchan por las partes más innobles de las reses abatidas en medio a un panorama desolador:

“La perspectiva del matadero a la distancia era grotesca, llena de animación. Cuarenta y nueve reses estaban tendidas sobre sus cueros y cerca de doscientas personas hollaban aquel suelo de lodo regado con la sangre de sus arterias. En torno de cada res resaltaba un grupo de figuras humanas de tez y raza distinta. […] A sus espaldas se rebullían caracoleando y siguiendo los movimientos, una comparsa de muchachos, de negras y mulatas achuradoras, cuya fealdad trasuntaba las arpías de la fábula, y entremezclados con ellas algunos enormes mastines, olfateaban, gruñían o se daban de tarascones por la presa.

El matadero es un espacio de frontera, donde la civilización y la barbarie exacerbadas se encuentran y chocan sin remisión tratando de aniquilarse. La barbarie vence por la fuerza de los brazos de los carniceros que se lanzan contra el unitario, en una violación sugerida por la intensidad de la humillación a que lo someten públicamente, mientras que la civilización triunfa por el testimonio de nobleza inverosímil del unitario que deja la vida antes que someterse al acto de humillación ante el juez y la muchedumbre enardecida, manifestando la verdadera cara de la causa federal:

“Primero degollarme que desnudarme, infame, canalla.

Sus fuerzas se habían agotado. Inmediatamente quedó atado en cruz y empezaron la obra de desnudarlo. Entonces un torrente de sangre brotó borbolloneando de la boca y las narices del joven, y extendiéndose empezó a caer a chorros por entrambos lados de la mesa. Los sayones quedaron inmóviles y los espectadores estupefactos.

-Reventó de rabia el salvaje unitario -dijo uno.

-Tenía un río de sangre en las venas -articuló otro.

-Pobre diablo: queríamos únicamente divertirnos con él y tomó la cosa demasiado a lo serio -exclamó el Juez frunciendo el ceño de tigre-. Es preciso dar parte, desátenlo y vamos.

Verificaron la orden; echaron llave a la puerta y en un momento se escurrió la chusma en pos del caballo del Juez cabizbajo y taciturno.

Los federales habían dado fin a una de sus innumerables proezas.”

Se antepone un personaje idealizado y sobrehumano a una maza animalizada que se debate en la carnicería que no diferencia hombres de bestias. Lo grotesco contrapuesto a lo sublime.

Bibliografía:

ANDERMANN, Jens. Mapas del poder, Beatriz Viterbo Editora.

ECHEVARRÍA, Esteban. La cautiva. El matadero, Buenos Aires, 2006. Ed. Longseller.

PIGLIA, Ricardo. Notas sobre Facundo (sin referencia).

SARMIENTO, Domingo Faustino. “Facundo”, Buenos Aires.1978, e

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Acerca de Cenoz

Soy profesor de Idioma Español. Argentino / Uruguayo. Actualmente vivo y estudio en São Paulo. Roleo hace más de veinte años. D&D y Call of Cthulhu.
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